Publlicado por el 10 jul, 2013 en Blog | 0 comentarios

En esta oportunidad, a propósito de la publicación de la novela La masacre de Reed College, de Fernando Montes Vera, les preguntamos a nuestros lectores qué pensamientos se les venían a la mente cuando pensaban en una masacre. La segunda respuesta que recibimos fue de Pablo Milani. Esto fue lo que nos respondió.

 
Sin capacidad de reflexión. Sin salida. Sin escapatoria. Uniformados con sus armas cargadas y voz de mando. Un miedo que te perfora los huesos y el final ahí cerca, mirándote serio y con ese rostro que no cambia. La dificultad de salir de eso. Correr en sueños, no poder moverte, no poder mover las piernas del miedo. Intentar hablar, pero tampoco. Un pánico de muerte. Recuerdos que intentan pensar en otra cosa pero es imposible. Disparos. ¿Esto será la realidad? El mundo gira a mí alrededor pero yo quedé afuera, no lo escucho. Sólo escucho gritos sin anestesia. Mis amigos, mi familia, estan a sólo un tiro de distancia. El amor, esta a sólo un beso de distancia. Pero no llego, no logro poder moverme. Esas balas me golpean cada vez más cerca. Ignoro qué querría hacer con él. No entiendo el poder, quiero ser un héroe. Construyendo caminos despisto a los malos. Mi mente vuela sin parar. Demuele edificios, caen puentes sobre las ciudades que duelen. No invento nada, sólo pasa. La masacre castigó a todos y me castigó a mí. Mi mente huye hacia otra mente. Ahora estoy luchando una pelea que inventé en mi otra casa. De chico, era de chico que yo le temía a ese monstruo que invadía mis sueños. Delante de mí se paraba, gigante e inmenso. Tenía una espada en sus manos, gritaba acerca de un túnel en el fondo de mi casa. Aterrizamos lejos de la terminal. Yo sólo he construido muros de incomprensión. La oscuridad del río virgen nos reclama mientras la luna extiende sus brazos y ella mira esa nube con forma de serpiente. Indiscriminados ojos mueren al luchar. Tocamos fondo sin llegar al fin. Ahora el poema describe esa intervención que sangra los pies y sigo sin entender de qué me habla. Nos sirvo otras dos copas de vino y me acuerdo de una amante, una chica colombiana bien bonita que una noche despiadada vomitó en mis zapatos. Ahora camino descalzo, con los dedos de los pies curvados hacia arriba, como si temiese pisar cristales. Un gato relámpago se apostaba en la puerta como un crimen hambriento. Ella después rompió las copas de vino. ¿Todavía no has entendido que lo que nos jodió la vida es la belleza?
 
Foto-Pablo MilaniPablo Milani  soy periodista. Estudié Comunicación en U.N.L.Z. y Periodismo en ETER. Actualmente escribo en Revista Damasco (www.revistadamasco.com.ar) y colaboro en distintos medios gráficos de cultura. Llevo editado un libro de poemas “Labios libres” (2011) Ediciones La Iguana