Publlicado por el 10 oct, 2013 en Prensa | 0 comentarios

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06 OCTUBRE 2013

Megan Boyle

Diego Sánchez

Megan Boyle y Tao Lin son dos jóvenes escritores y también las nuevas estrellas del llamado “Alt Lit”, un género formado por autores nacidos en los 80, y que parecen reinventar el clásico minimalismo norteamericano a partir de las lógicas del blog, las redes sociales, las drogas y ese multiverso nunca bien definido de “las nuevas tecnologías”. En 2011, esta pareja realizó su tercer film a partir de grabaciones caseras, en las que se los ve conversando, comiendo, reseñando libros o haciendo el amor, en un recorrido que empieza en las primeras citas románticas y termina con un casamiento en Las Vegas. Bautizada Mumblecore, en alusión a una nueva generación de films independientes, de escaso presupuesto y erigidos sobre destellos de una cotidianidad despojada, la película se proyecta por primera vez en Buenos Aires por estos días. Megan Boyle viajó para presentarla -y también presentar su libro Antología de entradas inéditas del blog de un empleado mexicano de panda express– y con ella nos juntamos en un coqueto hotel de San Telmo para conversar sobre el film, el MDMA, los blogs, la intimidad, la nueva literatura y la posibilidad de un arte tan narcisista, preciso, sincero e intrascendente como el mejor tuit.

¿Cómo surge la idea de filmar Mumblecore?

Cuando Tao (Lin) y yo empezamos a salir, nos filmábamos mucho con nuestras Macbooks, sólo para tener ese material de recuerdo. Llegamos a filmar como 200 horas. Y de repente nos pareció que podía estar bueno editar esas imágenes y armar nuestra tercera película (Boyle y Lin filmaron, además de Mumblecore, los films MDMA y Beve Zeva), contando la historia de nuestra relación, de cómo fue sucediendo. Originalmente lo que queríamos era que todas las películas sean sobre nosotros drogándonos. Con MDMA, cocaína, heroína, todo eso. Pero después fuimos a Las Vegas y conocimos a Beve Zeva y hablamos de cómo todas las películas tratan básicamente sobre un sólo tema. Así que decidimos hacer un película sobre el MDMA, otra sobre Beve Zeva y esta tercera sobre nosotros, sobre nuestra relación.

¿Cómo describirías a la película?

Es la historia de una pareja. Empieza con nosotros dos todavía sin estar de novios, conociéndonos, y avanza hasta nuestro casamiento en Las Vegas. Ese sería el “tema”: el desarrollo de una relación romántica.

¿Cuál es el criterio de edición que utilizaron? Teniendo en cuenta que partieron de un archivo de 200 horas, ¿cómo seleccionaron las imágenes y los momentos?

Yo recordaba algunas cosas de las que habíamos filmado. Imágenes de nosotros hablando, caminando, teniendo ciertos diálogos. Me acordaba de una vez que veníamos caminando y Tao dice: “me gustaría tener una esposa”. Todo eso lo tenía en la memoria. Así que fuimos seleccionando desde ahí. Yo quería que las escenas fuesen cortas, me parecía que eso iba a ser más interesante. Teníamos un montón de material y queríamos que fuese divertido. Tao y yo en algún punto somos los dos socialmente ineptos, entonces teníamos un montón de escenas y momentos divertidos a raíz de eso.

El nombre del film remite a un género cinematográfico. ¿Cómo te sentís con términos como “mumblecore” o “alt lit”? ¿Creés que son etiquetas que te representan a vos y a lo que hacés o son categorías que se imponen de afuera?

La verdad no pensamos mucho en esas cosas cuando hicimos las películas. No pensamos cómo serían, en qué categoría podrían entrar. La manera en que las armamos fue: “bueno, hagamos una película sobre una droga, hagamos una película sobre una persona”. Y esta era una película sobre nosotros que nos parecía que tenía el estilo “mumblecore”. Las películas “mumblecore” no suelen decir muchas cosas, no suele pasar mucho, son películas sobre gente interactuando, hechas con muy poco presupuesto. Nuestra película, en realidad, abarca muchas cosas, porque son diferentes escenas de la relación entre Tao y yo. Pero nos parecía que tenía el estilo “mumblecore” y por eso elegimos ese nombre.

Siguiendo un poco lo anterior, ¿cuando escribís, cuando posteás, cuando hacés algo como Mumblecore te imaginás interviniendo en algo, ya sea la literatura o el cine, o simplemente lo concebís como un canal de expresión?

Yo me mantengo un poco afuera de todo eso. Nunca pensé demasiado en pertenecer a algún grupo. Nunca me sentí parte de ningún grupo en particular en toda mi vida. A veces me siento un poco alienada por toda esa gente que se identifica como parte de la Alt Lit o algo así, y que dice “sí, yo formo parte de este grupo” y cosas por el estilo. Nunca me gustó sentirme parte de todo eso. No tengo nada en contra de la Alt Lit o del mumblecore, no pienso mal de esos conceptos. Simplemente no me siento representada.

Tu productora se llama MDMA Films, una de tus películas se llama MDMA. ¿Cuál es tu relación con esa droga en particular?

Consumí MDMA unas treinta veces en mi vida. Y simplemente nos pareció que podía ser un tema bueno para una película. Con respecto a la productora, Tao y yo tratábamos de pensar en un nombre para ponerle. Y nuestra primer idea fue llamarla Depleted Serotonin Levels (algo así como “reducción de los niveles de serotonina”) porque es así como te sentís en el bajón. Pero después pensamos que sería más divertido, más simple, más minimalista llamarla simplemente MDMA Films. Era un nombre más apropiado para una empresa.

¿Qué vino primero en tu vida la tecnología o el arte? Es decir, ¿llegaste a la literatura y luego a internet, o primero llegaste a internet y desde ahí te acercaste al arte?

Siempre me gustó leer, desde que era muy chica. E internet fue algo que “sucedió” cuando tenía unos, no sé, 12, 13 años. Siempre me gustó navegar y usar internet desde que tenía esa edad. O sea que no fue una cosa o la otra. Creo que siempre estuvieron juntas.

¿Ves algún tipo de relación entre la droga y la tecnología en tus obras? ¿Quizás como formas posibles de modificar la percepción de las cosas o de catalizar estados de ánimo?

Creo que los dos son elementos de la vida, que están ahí, elementos que pueden ser poderosos. Nunca pensé en hacer algo así como una declaración o un manifiesto respecto a las drogas o respecto a la tecnología. Pero sí son dos cosas que están muy presentes en mi vida. Están ahí, como mi ropa en el placard.

El escritor Noah Cicero contó que buscaba un nombre para esta nueva generación de autores y ensayó varias definiciones como “Generación-del-Mensaje-de-Texto”, “Generación-de-Universitarios-Sin-Trabajo”, “Generación-iPod” o “Generación-Irónica”, entre otras. ¿Vos te sentís parte de una “generación”?

En algún punto es igual a lo que te decía antes de los géneros o los movimientos. No me veo en esos lugares. Es como la gente que me ve y ve que tengo el pelo colorado y dice “Ah, ella es pelirroja”. Es un tipo de generalización. “Ah, ella escribe cosas así entonces es parte de tal cosa”. Es parecido. La verdad yo no me siento y digo “oh, quiero ser parte de esta generación”. Pero entiendo esas definiciones y lo que quieren decir.

Mumblecore es también una película que trabaja sobre la intimidad. Y la intimidad es también algo que la era digital vino a poner en problemas. La gente comparte su vida cotidiana, algunos viven paranoicos por ella. ¿Cuál es tu relación con la intimidad?

Siempre pensé que me gustaría que todo el mundo supiera todo de mí, que la gente pudiera ver mis pensamientos, para evitar malentendidos. Porque a veces siento que me cuesta comunicarme, que no sé expresarme como quisiera, que hay tantas cosas que puedo pensar pero no sé cómo llamar. Suelo pensar mucho más rápido de lo que puedo hablar. Y está bien. En ese sentido siempre me pareció llamativo que la gente tuviera tanto miedo a perder la intimidad, a custodiar tanto su privacidad.

¿Cómo te ves en el mediano plazo? ¿Te ves como una escritora o una cineasta consagrada a su oficio, establecida como tal, o como alguien que simplemente produce y hace cosas?

Cuando era más chica me acuerdo que podía imaginarme claramente dónde iba a estar dentro de un año, o dentro dos o tres. Pero ahora no. Ahora trato de pensar y quedo completamente en blanco, no tengo la menor idea. De verdad no lo sé. Es una sensación un poco aterradora pero también bastante interesante. Está todo bien si termino trabajando en un almacén o haciendo películas o las dos cosas.

¿Cómo te acercás a los libros, a las películas? ¿Consumís lo que producen tus contemporáneos, los clásicos, rastreás lo que encontrás en Google o en blogs?

Encontré muchas cosas que me gustaron cuando comencé a meterme en internet. Tao tenía un blog que se llamaba reader-of-depressing-books (lector de libros deprimentes) donde conocí a Kurt Vonnegut, Tom Robbins, Albert Camus y cosas por el estilo. Ahí fui encontré a mis autores favoritos como Lorrie Moore, Raymond Carver, cosas quizás más realistas. De David Foster Wallace no leí La Broma Infinita, leí las primeras diez páginas en la app de Kindle de mi teléfono, aunque no parecía algo que pudiera hacer desde el celular. Pero me gustan sus relatos y ensayos. Me gustan muchos autores jóvenes. Me gustan cosas que leo sueltas, cosas en internet o en la calle. Ayer estaba yendo a mi departamento y vi un cartel en una pizzería que decía “Sexy Ass Pizza” y pensé: “cómo me gustaría poder escribir cosas como esa”.

Mumblecore se podrá ver el próximo sábado 12 de octubre en dos funciones (15:30 y 18 hs.) en Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929

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