Publlicado por el 9 oct, 2013 en Prensa | 0 comentarios

07-10-2013 | 

Una lectura de Ángulo de guiñada, de Ben Lerner (Dakota).

Por Camila Fabbri.

ángulo de giñadaÁngulo de guiñada es el segundo libro que se publica del autor norteamericano Ben Lerner. Es autor también de dos libros de poesía, The Lightenberg Figures y Mean Free Path. Su novelaLeaving Atocha Station recibió hace dos años elBeliever Book Award. Lerner es el cuarto autor que publica la nueva editorial Dakota, lanzamiento que vino instantáneamente después de la primera novela del argentino Fernando Montes Vera, ganador del Concurso que llevó a cabo la editorial el año pasado.

Ángulo de guiñada no es estrictamente lírica, es más bien un juego con la dinámica de lo poético y lo que se informa. Lo que se pone en manifiesto de un estado de la sociedad actual, de un modo de acción y producción de la actualidad. Lerner diseña su poesía  del experimento, así lo menciona también la misma editorial: presentan al autor como una suerte de mezcla de reflexión filosófica y poética experimental entre la furia política y la autobiografía.

Lo que resulta novedoso del modo de Ben Lerner es esa forma de estar diciendo, porque pareciera que en general la poesía –por su carácter de embellecer la palabra– no precisa anunciar nada. No precisa aportarle nada a nada, sino subrayarle a todo. La poesía muestra algo que está sucediendo. Entendemos a la poesía como un modo de hacer brillar eso que ya pasó, que nadie localizó. En cambio en Lerner hay un compromiso con su registro poético: hay un ponerle foco a una sociedad que hoy día, sucumbe. A una cultura agotada, agobiada de tecnología y recursos para estar constantemente conectado. Bajo el flujo del comercio como una constante, y las redes virtuales como único modo de estar vivo. O sentirse despierto. Lerner, de una manera astuta e incluso bella –generadora de imágenes que no se quedan quietas– elabora su propia política.

La escritura en prosa breve, como forma de un autor de estar poniendo en manifiesto la tortura de la alienación. De sentirse alienado. De concurrir a la escritura como recurso de amparo, mi puño y letra serán lo único que me preserve de un modelo de sociedad actual que me abruma. Que aturde y aterra.

Lo que sucede por momentos es que la palabra pierde sensibilidad, y se torna máquina. Se vuelve objeto de denuncia. El mensaje en sí, al poseer opinión pierde lo poético. En un registro a veces absoluto, por intentar contener un mensaje globalizado, se convierte en mecánica.

En una de sus últimas prosas, Lerner habla al Señor Televisor y en un ruego –que tiene palabras que van a lo masivo– pide abrir los corazones

Explícate eso, Señor Televisor. Parte de la confusión tiene que ver con las palabras. Nos despertamos con barro en los pies. La otra parte es que somos así. Temeroso de lo nuevo aunque ya tiene mil años. Si no viste nunca a un chico dormido gatear más allá de la luz de la galería, cerrá la boca. Si mi intención es clara, ya es demasiado tarde. Por el amor de Dios, gente. Abran sus corazones.

http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2013/31207