Publlicado por el 12 sep, 2013 en Blog | 0 comentarios

Ángulo de guiñada - Ben LernerPor Guido Herzovich

Ben Lerner, estrella naciente del firmamento literario norteamericano, es el sol de su propia galaxia, como todos los escritores. Para acompañar la salida de Ángulo de guiñada -¡magnífico asteroide!-, Dakota avista y pone en el mapa la Galaxia Lerner en cinco posts consecutivos: una serie de poemas inéditos en castellano de cinco de sus poetas de referencia, apenas traducidos y poco conocidos en nuestra lengua: C.D. Wright, Alice Notley, Michael Palmer, Geoffrey G. O’Brien y Cyrus Console.

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Debemos esta pequeña antología al encuentro fortuito de un escritor judío del medio-oeste de Estados Unidos, uno o varios algoritmos de búsqueda y el ánimo y los gustos de cinco traductores nacidos en tres puntos de América Latina (Buenos Aires, el DF y Bogotá). Todo lo cual no nos impide decir, sin embargo, que esta es la poesía que vale y la que quedará.

Cada estrella del firmamento literario es el sol de su propia galaxia. Por pequeña que sea, cada una imanta no sólo otras innumerables estrellas de tamaño diverso, sino además polvo cósmico, materia oscura “y quizás energía oscura” (esto que para la Wikipedia es una hipótesis lo puede dar por confirmado cualquier poeta adolescente). Hay galaxias enanas y galaxias gigantes, como todo el mundo sabe. En toda galaxia hay nebulosas, cúmulos estelares y sistemas estelares múltiples.

Cada cual decidirá por sí mismo qué es qué en la galaxia de Ben Lerner, que no opuso resistencia a que le dibujáramos esta carta astral. Lerner, 1979, publicó tres libros de poesía y una novela, además de cuentos, poemas y artículos críticos en un buen número de revistas. Ángulo de guiñada, publicado por Dakota Editora, compuesto por tres secciones breves en verso y dos conjuntos largos de fragmentos en prosa, es sin duda el más extraño y tal vez el más fascinante de sus libros; también es el primero en ser publicado en América Latina. Entre los muchos premios que recibió su obra, Ángulo de guiñada mereció un lugar entre los finalistas del prestigioso National Book Award.

Las tradiciones poéticas son más globales pero también más secretas que las de ficción: a menudo son los propios poetas los que se traducen, comentan e incluso editan, generando constelaciones que reclaman telescopios cada vez más potentes. Aunque ninguna serie de referencias explica la obra de nadie, las de Lerner acusan al menos una honestidad comprobable. En proporciones variadas, un buen número de huellas lernerianas se dejan leer también en los poetas que nos recomendó: el aliento a la vez lírico y reflexivo; la apuesta conjunta a un efecto emotivo y conceptual; el trabajo finísimo con los tonos heterogéneos del habla y formas muy variadas de la cultura escrita; la yuxtaposición inesperada de las referencias, que cruzan no sólo alta literatura y la cultura de masas, sino también registros científicos, filosóficos o académicos… todo ello empaquetado con las seducciones sedosas del delirio, el humor y/o la oscuridad.

Producir la Galaxia fue bastante sencillo. Primero Lerner nos dio los nombres: “poetas que me vienen inmediatamente a la cabeza”, nos escribió desde Brooklyn: “michael palmer, c.d. wright, geoffrey g. o’brien, alice notley (“de noche los estados” en particular) y cyrus console”. La selección de los poemas quedó en manos de los traductores, que podían elegir entre lo que internet tuviera a bien ofrecer y sus buscadores tuvieran la suerte de pescar; es decir un caos de empresas, blogueros, colaboradores de la Wikipedia y programadores, más la excitación o el tedio del momento, más el café o el vino con que se tuneó cada uno, más la generosidad falible de los foros de Wordreference.

Y ahora por fin, ya casi están y serán estos: “Anuncios personales”, de C.D.Wright, según Lorena Tcach (porteña); “De noche los estados”, de Alice Notley, a través de Felipe Martínez Pinzón (bogotano); algunos poemas de la “Serie Baudelaire”, de Michael Palmer, por Ernesto Kavi (del DF); “Lógica de la confesión”, de Geoffrey G. O’Brien, mediante Guido Herzovich (porteño); y por fin un extraño fragmento de “Breve bajo el agua”, de Cyrus Console, que debemos a Carolina Baffi (también porteña) y Guido Herzovich. ¡Que aproveche!