Publlicado por el 27 mar, 2013 en Blog | 0 comentarios

No todas son rosas: Dolores Gil, crítica cultural y docente de literatura, nos deja sus exigentes impresiones sobre el libro de Megan Boyle, pero un poco también se lamenta por ellas.

lo que el libro de Megan me hace sentir:

1
Que cualquiera con un poco de tesón y ganas de vomitar sobre el documento de Word las tribulaciones más íntimas y también las más superficiales de su yo puede hacerlo, y no sólo eso, sino que también puede lograr que le publiquen su libro.
2
Creo que le falta caladura. Me imagino a la autora como a uno de esos ratoncitos que dan vueltas y vueltas en la rueda y no llegan a ningún lado.
3
Creo que a Boyle le cuesta lo que nos cuesta a todos: la sintaxis, y que es más fácil escribir listas, transcribir chats, hacer estadísticas y récords de la propia experiencia y saltar de tema en tema sin comprometerse a producir más que un párrafo sobre cada uno que sentarse a pensar la escritura, a lograr esa alquimia imposible que es una buena frase, el encadenamiento lógico o poético de las ideas y los sentimientos.
4
Me hace pensar en una literatura a la que le cuesta narrar. Y sí, narrar es difícil.
5
Que no me guste la escritura de Boyle me hace sentir una anticuada y una reaccionaria, como si tuviera mil años, porque es propio de los viejos no entender lo nuevo, y por lo tanto me deprime.

Dolores Gil (Buenos Aires, 1981) es docente de literatura y crítica cultural. Adicta al multitasking y obsesiva hipercontroladora.