Publlicado por el 10 oct, 2013 en Prensa | 0 comentarios

“La línea entre realidad y ficción está muy desdibujada”, afirma Megan Boyle. Imagen: Rafael Yohai

“La línea entre realidad y ficción está muy desdibujada”, afirma Megan Boyle.
Imagen: Rafael Yohai

La escritora, bloguera y directora y su ex pareja Tao Lin se filmaron todo el tiempo con sus computadoras, y el resultado es un film que muestra un universo fragmentado, en el que el caldo de cultivo son las experiencias personales.

No hay caso: por más que el productor Harvey Weinstein, el Festival de Sundance y los estudios satélite de las majors se empecinen en atarlo a la tabulación matemática, la exhibición de Mumblecore muestra que el cine independiente estadounidense tiene cuerda para rato. Cuerda dada en este caso por el deliberado desapego de Megan Boyle y Tao Lin hacia todo aquello que podría catalogarse como predeterminado: ellos circulan munidos únicamente de sus respectivas Macbooks para mostrar, escribir, decir y hacer lo que se les cante. Desde diálogos casuales enmarcados en la más absoluta cotidianidad hasta la súbita decisión de casarse, pasando por cuanto exceso pueda imaginarse, todo cuadra en el universo del film. ¿Se está, entonces, ante un mero ejercicio onanista? ¿O acaso existe un público interesado en los devaneos físicos, sentimentales e intelectuales de la (ahora ex) parejita? Todo parece indicar lo segundo. Al fin y al cabo, se trata de dos de los máximos representantes de la alt lit, movimiento actualmente en boga entre los escritores norteamericanos sub-35, caracterizado por hacer del proceso creativo una expresión de retazos compuesta por sensaciones, impresiones, pensamientos y reflexiones sin hilación narrativa alguna, más allá del uso común de las experiencias personales como caldo de cultivo.

Una forma de sumergirse en este universo fragmentado es comprar los libros Antología de entradas inéditas del blog de un empleado mexicano de panda express, de Megan Boyle, y Hoy el cielo está azul y blanco con manchas azul brillante y una luna pálida y pequeña y voy a destruir nuestra relación hoy, de Tao Lin, ambos publicados aquí a fines del año pasado por Dakota Editora. O acercarse hasta el auditorio de la Fundación PROA (Pedro de Mendoza 1929) para ver el bautismo en pantalla grande, tal como asegura la directora a Página/12, de este experimento audiovisual hecho con 850 dólares llamado Mumblecore. Las citas serán hoy y el próximo sábado a las 15.30 y a las 18, con presentación de la propia Boyle durante el primer par de funciones. Sobre las particularidades del film, entre otras cosas, hablará la bloguera y escritora en esta entrevista.

–¿La idea siempre fue filmar con una Macbook?

–Sí, totalmente. Tao y yo estábamos saliendo hacía tres semanas y nos filmábamos todo el tiempo. A partir de eso pensamos en convertir todo ese material en una serie de películas centradas en distintos temas de lo cotidiano, en este caso una sobre las relaciones amorosas. Siempre llevábamos la Mac con nosotros muy naturalmente. Podíamos dejarla durante horas sin darnos cuenta de que estaba prendida, por lo que nos parecía interesante tratar de integrarla a nuestro mundo. Eso nos permitía ser muy frescos en nuestros comportamientos.

–¿Había una idea narrativa preconcebida o simplemente retrataron fragmentos de su cotidianidad?

–Nos filmamos todo el tiempo, aunque inicialmente teníamos algunas ideas un poco más locas. La primera era mostrarnos en distintas fiestas, tomando cocaína cada diez minutos y comiendo pollo frito, pero la descartamos. Otra era inyectarnos heroína con varias Mac a nuestro alrededor, pero tampoco iba, así que terminamos optando por algo más sencillo. Antes de editar había pensado en centrarme en los mejores recuerdos que tenía sobre la relación, creía que a partir de eso podía empezar a elaborar la historia. Pero a medida que revisaba el material encontré muchas cosas que ni yo recordaba y que finalmente sumé al corte final.

–¿En qué medida el hecho de saberse filmados condicionó su forma de actuar?

–Creo que no podría hablar por Tao (o quizá sí, porque también es escritor), pero en mi caso el condicionamiento fue mínimo. Quizá sea por mi oficio de escritora, pero lo cierto es que tengo una representación muy grande de mí misma cuando hablo, escribo o hago cualquier cosa frente al público. En todo caso, la computadora es una herramienta visual de esa autoconciencia que hay en mi cabeza. La cámara no alteró demasiado esa situación.

–¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en Mumblecore?

–La línea entre las dos está muy desdibujada. Cuando yo recuerde esta entrevista mañana, posiblemente no sea tal cual ocurrió, porque uno tiende, al menos un poco, a ficcionalizar los recuerdos. En la memoria no hay imágenes reales de lo que está ocurriendo, cosa que sí pasa en una grabación. Ese registro, de alguna manera, termina anulando el componente ficticio de los recuerdos.

–Tanto su libro como esta película se centran en usted y sus experiencias. ¿Cuál es el límite entre una expresión artística y un acto de narcisismo?

–Creo que lo escribí en alguna parte de mi libro, pero lo que muchos ven como algo narcisista para mí es un acto de honestidad, aunque siempre termina dependiendo de la persona. Particularmente siento que ese material no tiene que tomar ninguna forma específica para pasar a ser arte sino que depende más bien de lo que cada uno haga y cómo sea recibido y leído por el resto.

–Mumblecore está filmada con una Macbook y hecha sobre la base de lo fragmentado. Podría pensarse que se trata de un retrato generacional de los nativos digitales.

–En general siento cierta aversión sobre cualquier posición que me ponga como representante de algo, pero sí entiendo que pueda verse de ese modo, ya que su forma y contenido son propios de la era digital, pero no es algo intencional.

–En una entrevista dijo que la soledad que sentía tenía que ver con no poder escapar de sus pensamientos. ¿El hecho de mostrar su intimidad en un libro y ahora en una película le permite liberarse de esa sensación?

–Sí, para mí escribir es una forma de agarrar algo que está suelto en esa nebulosa de la mente y darle una forma física y externa. Pero aclaro que para muchos la soledad tiene una connotación negativa que no comparto; para mí tiene que ver con estar con uno mismo, y punto. No es algo necesariamente malo.

–¿Por qué?

–Porque siempre estamos solos; la soledad tiene que ver con el espacio interior que uno tiene. Es como una nave en la que uno está y no puede salirse.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-30114-2013-10-05.html