Publlicado por el 26 jul, 2016 en Prensa | 0 comentarios

Sobre Cuerpo presente, de J. P. Cuenca

PARA LA NACION

DOMINGO 05 DE JUNIO DE 2016

En la lista de libros publicados por el brasileño J. P. Cuenca (Río de Janeiro, 1978), Cuerpo presente figura como su primera novela. Escrita en 2003, acaba de ser traducida al castellano. Más allá de las diferencias estéticas y contextuales, el libro del escritor carioca tiene tanto de novela como El frasquito de Luis Gusmán. Se trata de un texto breve, con una prosa de sintaxis y ritmo poéticos; la narración siempre fragmentaria, siempre invadida por la descripción y la introspección. No hay una trama ni progresión temporal. Sus capítulos están numerados con números primos, rasgo que anuncia que casi no hay continuidad entre ellos, y que produce la sensación de que hay varios otros que han sido elididos.

Son sólo dos los nombres propios que figuran en Cuerpo presente: Alberto y Carmen. Un narrador habla de ellos y de sí mismo. Pero no parece acertado contar tres personajes, puesto que esos dos nombres designan un referente variable y la voz que enuncia no proviene siempre de la misma fuente. En este esquema de identidades disueltas, los tres “protagonistas” forman un triángulo en el que el narrador es hijo, padre y, casi siempre, amante de Carmen; puede ser amigo de Alberto o el propio Alberto, quien a su vez puede ser marido, amante o hijo de Carmen. Ella es madre, hija, prostituta, empleada de banco, travesti. Es siempre un objeto de deseo, una especie de arquetipo que transmigra de un cuerpo a otro; omnipresente para el narrador: “Lo único que mi aparato digestivo no puede desintegrar es a Carmen. Es la única que sobrevive sin pudor, caminando desnuda por esta necrópolis sin fin [.], yo sigo descubriendo a Carmen en la calle, en cada ventana cerrada, detrás de esquinas, en cada espejo roto, cada noche perdida”. Ella envuelve al narrador más allá de toda lógica: “No me despierto de Carmen”. Su ubicuidad llega hasta los bordes de la novela, donde recibe la dedicatoria. Al mismo tiempo, es su ausencia la que produce escritura: “Carmen no me da ganas de escribir”.

El territorio de Cuerpo presente es Copacabana, más precisamente Lido, donde se encuentra “la mayor concentración de libido de la ciudad, donde las hormonas forman una nube espesa por las noches, una niebla de puterío en el aire”. En los últimos capítulos, se intensifica el discurso introspectivo, la diégesis se vuelve onírica, delirante.

Foto: LA NACION

Muy lejos de las formas canónicas, y perturbando la comodidad del lector, el libro de Cuenca parece celebrar las viejas reflexiones de Mijaíl Bajtín sobre la flexibilidad genérica de la novela y propone una nueva exploración de sus límites.

CUERPO PRESENTE

Por J. P. Cuenca

Trad.: Martín Caamaño

120 páginas

$ 140

http://www.lanacion.com.ar/1905111-objetos-de-deseo